jueves, 2 de julio de 2015
El nuevo spot de
Movistar Estudiantes creado por Sra. Rushmore con la productora Bravo, “Conmigo
no pueden" El nuevo spot de
Movistar Estudiantes ha sido creado por la agencia de publicidad Sra. Rushmore
en colaboración con la productora Bravo. La música ha sido creada por el músico
Luis Carlos Esteban. Sonomedia ha sido el estudio al cargo de la producción
sonora. El actor de doblaje Carlos Kaniowsky ha aportado su voz.
El spot se enmarca
dentro de la campaña englobada por el hashtag “Conmigo no pueden”. En esta
ocasión, el spot cierra con una frase muy contundente que resume el espíritu
del equipo: “Imposible no sentirlo”. El spot apela a los sentimientos de la
afición del Estudiantes. Se trata de una afición y de un equipo que desafía a
la lógica, a las normas, a lo establecido.
Cuenta una historia
futurista, un relato de ciencia ficción protagonizado por un androide que se
rebela contra su propia naturaleza robótica. Desarrolla un spot cargado de
atmósferas sci-fi, con una ambientación muy cinematográfica y sensorial. Se
trata de un homenaje a los frágiles, a los que eligen sentir, a los que se
empeñan en que con ellos no puedan.
De alguna forma, todos
los aficionados de Estudiantes se rebelan también cada día al animar a un
equipo pequeño, un equipo de cantera, un equipo con mucho menos presupuesto que
los grandes de su liga. “Ser del Estudiantes es una cuestión de sentimientos.
Estudiantes es un equipo que se vive con el corazón”.
domingo, 17 de mayo de 2015
Me
gusta el clima de las Islas Canarias
Las Islas Canarias
disponen de un clima envidiable, el cual hizo que ya los antiguos denominasen a
estas privilegiadas tierras como las Islas Afortunadas.
Su clima viene
determinado por su posición geográfica, bastante al sur de la Península , pero al norte
del trópico de Cáncer, y también por estar rodeadas por el océano Atlántico y
sometidas a la influencia del anticiclón de las Azores, que les aporta un
viento constante de dirección norte-sur. Como resultado, en Canarias la
temperatura es casi siempre óptima, variando poco de estación a estación. Y
esto tiene su explicación.
La temperatura del
mar en invierno es fría, no hay evaporación, y por tanto no hay nubes. El sol
no falla, y pega con bastante fuerza. Así los turistas pueden pasar el día en
la playa, y todos hacen su vida al aire libre. Algo impensable en la Península o en cualquier
otro lugar de Europa.
Pero en la
primavera, la temperatura del mar sube, y la intensa evaporación del agua
genera un mar de nubes que, arrastrado por los vientos alisios, cubre y protege
a las islas de los rayos solares. En el verano la temperatura media resulta ser
de 25ºC ,
bastante agradable y muy inferior a los calores de la Península , y no digamos
a los 40º/45º del desierto del Sahara, que está sólo a poco más de 100 km de distancia.
El mar o manta de
nubes formado en el Océano es fácilmente observable si vamos en avión hacia
Canarias o incluso desde las cumbres de las islas. Se trata de una acumulación
horizontal de nubes que se produce entre los 500 y los 1.500 m de altura,
arrastrada por los vientos en dirección norte-sur.
Al chocar con las
altas montañas de las islas, las nubes, empujadas por los alisios, inician un
ascenso por las laderas. Al subir se produce su enfriamiento, con el
consiguiente fenómeno de condensación, que puede provocar lluvias locales,
responsables de las diferencias en la vegetación y en el paisaje entre los
niveles altos y bajos las islas, y sobre todo entre ambas vertientes de las
cumbres.
En el sur de las
islas el clima es más cálido y seco que en el norte. Pero ocasionalmente el
manto de nubes puede saltar por encima de las montañas, y cubrir y proporcionar
humedad también a la vertiente sur de las montañas, como vemos en la
fotografía.
Pero de una forma
o de otra, el resultado siempre es bueno para turistas y visitantes. Y como
llueve muy poco, los agricultores se apañan como pueden.
martes, 12 de mayo de 2015
domingo, 10 de mayo de 2015
Historia
de España. Toma de Cáceres al Islam
Los últimos años
del reinado de Alfonso IX de León fueron muy fructíferos para la Reconquista. Tras
muchos años de inacción, la victoria cristiana en Las Navas de Tolosa
(16/07/1212) propició que el rey leonés decidiera continuar la lucha. El primer
paso fue cruzar la frontera del Tajo, algo que se produjo en 1213, con la toma
del puente romano de Alcántara. Aunque poco más se hizo entonces porque Alfonso
IX tenía miedo de que su suegro, Alfonso VIII de Castilla, le atacase si
desplazaba sus tropas, pero el peligro desapareció en 1214 con el fallecimiento
de éste.
Tiempo después la
fortaleza y el puente de Alcántara fueron otorgados al control de la Orden de Alcántara, una
organización religiosa y militar de nueva creación que se constituyó allí,
conformándose como uno de los pilares básicos de la reconquista y colonización
de los nuevos territorios.
La siguiente
campaña fue en 1218. Aquel año el monarca leonés lideró una expedición a
tierras musulmanas con la que llegó hasta las orillas del Guadalquivir,
tratando de explorar y aún quebrantar la retaguardia musulmana. Cáceres fue
atacada; no obstante, la ciudad estaba bien defendida y, tras un asedio de tres
meses y medio los ejércitos cristianos tuvieron que retirarse. Pero Alfonso se
tropieza en su camino con un nuevo escollo: Portugal ansía conquistar aquellos
mismos territorios al Islam. Todo queda resuelto el 13 de junio de 1219 en el
que se llega a un acuerdo con los portugueses.
En 1221 los caballeros
de la Orden de
Alcántara atacan y consiguen rendir la ciudad de Valencia de Alcántara, pero
fracasan al intentar la toma de Cáceres. El rey volvería, sin éxito, a asediar
la ciudad en los años 1223, 1225 y 1226, aunque tomó la mayoría de las poblaciones
de la zona. Tanta insistencia venía derivada de la importancia que tenía esta
ciudad tanto en la defensa del reino musulmán de Badajoz como en el control de la Vía de la Plata , denominación de la
calzada romana que unía Astorga con Mérida, y ahora espina dorsal del reino de
León.
Desde más de un
siglo antes, y temiendo el avance de los cristianos, Cáceres se había
fortificado con una sólida muralla (ver foto), algo que no bastó para evitar
que Alfonso IX la tomara el 23 de abril de 1227. Esta vez entrar allí fue
incluso fácil. El cronista leonés no da datos, pero el musulmán dice que un
cristiano infiltrado, que convivía allí con una morita, fue el que les abrió
las puertas.
Cáceres fue desde
su reconquista una ciudad libre, no de señorío, sometida directamente a la Corona , que elegía sus
propios regidores y enviaba representantes con voz y voto a las Cortes, en la
que coexistían iglesias y mezquitas y palacios árabes y cristianos, convivencia
que duró por siglos. Y en la actualidad, el cuyo casco antiguo de Cáceres ha
sido declarado Patrimonio de la
Humanidad por su carácter monumental.
Como la toma de la
ciudad fue un 23 de abril, fiesta del caballero señor San Jorge, este santo fue
escogido como patrono de Cáceres. Y en tal fecha se celebran grandes fiestas,
que este año parece que han contado además con la presencia de muchos
visitantes, al celebrarse unas jornadas de degustación del vino y del jamón de
la zona. Para que se vea que ellos no son musulmanes.
domingo, 19 de abril de 2015
Me
gusta el Museo del Prado. Van Der Weyden (2)
En la exposición
de Rogier Van Der Weyden en el Museo del Prado de Madrid podemos ver estos días
las mejores obras de este pintor:
1.- El Calvario de
Scheut. Excepcional cuadro recién restaurado.
2.- El Tríptico de
Miraflores. Muestra tres momentos de la vida de la Virgen , encargo del rey
Juan II de Castilla y León, que quería usarlo en un altar portátil, pero que
luego cedió a la Cartuja
de Miraflores de Burgos (año 1445). Consta de tres partes en las que aparece la Virgen con el Niño, la Piedad y una escena en la
que la Virgen
comprueba que se ha producido el milagro de la Resurrección. Tan
gran éxito tuvo la obra que el taller del autor tuvo que hacer cuatro copias
que hoy están en los mejores museos del mundo. Igualmente Isabel la Católica , hija de don
Juan II, gustaba mucho del cuadro, y encargó a su pintor favorito, Juan de
Flandes, una copia tan buena que hoy podemos verla, aunque incompleta, en el
Metropolitan Museum de Nueva York. Pero tras 400 años presidiendo la sacristía
de la Cartuja ,
los malvados franceses llegaron allí en 1808. Y uno de sus generales, Jean
Barthélemy D'Armagnac, vio la obra, le gustó y se la llevó “por la cara”. O
sea, que la robó, sacando por ella una jugosa cantidad de dinero al subastarla
en la casa británica Christie’s en el año 1836. Pasó luego por las manos de la
monarquía holandesa y finalmente acabó en la Staatliche Gemäldegalerie ,
o Galería Nacional de Berlín, donde hoy en día se conserva. Y si esperamos que
nos la devuelvan alemanes o franceses, vamos dados. Menos mal que nos la han
prestado para esta exposición.
3.- El Altar de
los Siete Sacramentos. En el panel de la izquierda muestra el bautismo, la
confirmación y la confesión. En el central, con la crucifixión en primer plano,
la eucaristía. Y a la derecha, el orden sacerdotal, el matrimonio y la
extremaunción. Se expone en el Museo Real de Bellas Artes de Amberes y sirvió
de inspiración para otro tríptico famoso que también forma parte de la
exposición, traído a España desde Flandes en tiempos de Felipe II.
4.- El
Descendimiento. El azul del manto de María, que cae desmayada en brazos de San
Juan al ver el cadáver de su hijo, es uno de los lapislázulis más puros
empleados en todos los tiempos. Las figuras de Cristo y María yacen en posturas
paralelas para manifestar su doble pasión. Ver foto. Esta obra maestra,
realizada en torno a 1435, fue un encargo para la iglesia de Nuestra Señora de
Extramuros de Lovaina (Bélgica). Un siglo después, la hermana del emperador Carlos
I, María de Hungría, por un elevadísimo precio consiguió adquirirla,
vendiéndola luego a su sobrino Felipe II. Y cuando venía para acá, el barco en
el que viajaba naufragó, pero el embalaje era tan perfecto que la tabla flotó y
pudo ser salvada sin apenas daños. En 1564 se instaló en la capilla del palacio
de El Pardo y en 1574 pasó a El Escorial, aunque el padre prior del monasterio
criticó la obra, porque ver a la
Virgen desmayada y por los suelos le pareció una
irreverencia. En El Escorial seguía cuando empezó la guerra civil española
(1936-39). La pintura se la llevó de España el gobierno republicano, que quería
sacar una pasta vendiéndola, pero estando en Ginebra los abogados de Franco
pudieron impedir la subasta in extremis. Regresó en 1939, siendo incluida en la
colección del Museo del Prado, donde permanece hoy en día.
5.- La Virgen con el Niño, Madonna
en Rojo, o Virgen de Durán. Denominada así por su último dueño, el aristócrata
Pedro Fernández Durán quien la legó al Museo del Prado tras pasar por las manos
de múltiples coleccionistas privados. Esta Virgen se convirtió en el icono
perfecto, adoptado como ejemplo por todos los maestros flamencos y españoles de
su época, que pintaron muchísimas vírgenes.
La azarosa vida de
estas obras deja muy claro el valor que siempre se les ha atribuido. Felipe II,
gran coleccionista del mejor arte, hizo no poco por hacerse con ellas,
haciéndole de paso no poco favor al actual proyecto de atraer a España ese
turismo de calidad que tanto necesitamos. Son una maravilla. Y ahora, por
primera vez en la historia, están reunidas y podemos verlas. Es una exposición
que nadie puede perderse, pero, ¡ojo al dato!: se clausura el 28 de junio del
presente año.
domingo, 12 de abril de 2015
Me
gusta el Museo del Prado. Van Der Weyden
El Museo del Prado
acoge estos días una exposición temporal dedicada a Rogier Van Der Weyden, un
pintor de la escuela de los primitivos flamencos.
Rogier Van Der
Weyden nació en 1399 ó 1400 en Tournai, perteneciente entonces al condado de
Flandes, y actualmente a la zona francófona de Bélgica. Su nombre en origen era
Rogier De La Pasture ,
entrando primero a trabajar como aprendiz en el taller de Robert Campin,
pasando luego a pintar en Lovaina y en Bruselas, donde cambia su apellido
francés «De La Pasture »
por el flamenco «Van Der Weyden»”, esto es, se flamenquiza.
Rápidamente
adquirió gran fama, siendo nombrado pintor oficial de las ciudades de Lovaina y
Bruselas. Y según la crónica de la época, sus cuadros “engalanaron las cortes
de todos los reyes” de Europa. En 1450 fue a Roma para ganar el Jubileo, y se
quedó algún tiempo en Italia, pero no le agradó lo que vio. Falleció en
Bruselas el 18 de junio de 1464, siendo enterrado en su catedral.
La obra de Van Der
Weyden que le hizo más famoso fueron las cuatro enormes tablas alegóricas de la Justicia para el Salón
Dorado del Ayuntamiento de Bruselas, que fueron destruidas en 1695 entre
guerras y revoluciones.
Ahora, con motivo
de la exposición, se ha llevado a cabo la restauración de una obra suya excepcional:
“El Calvario”. Y el Museo del Prado, que de pintura sabe un montón, no se corta
con los elogios: "una de las mayores obras de arte que ha visto jamás el
mundo". Casi nada. Y de su autor, el Museo dice que es "uno de los
mejores pintores" de la historia. Pues no seré yo quien lo discuta.
El citado cuadro
de “El Calvario” fue un regalo de Van Der Weiden a la Cartuja de Scheut de
Bruselas, al entrar allí como religioso su hijo Cornelio. Nuestro rey prudente,
Felipe II, no dudó en comprarla, aunque “nos” costó una pasta. Situada primero
en el Palacio de Valsaín (Segovia), pasó luego al Monasterio de San Lorenzo de
El Escorial el año 1574.
Para esta gran
composición, de 3,24 por 1,94
m y más de 200 kg de peso, el pintor utilizó catorce
gruesos paneles de roble Báltico, sujetos con una estructura débil, que ahora
ha habido que reforzar. En cuanto a la pintura, los paños de la Virgen y de San Juan han
recuperado el blanco original con el que eran descritos por los autores
antiguos, ligeramente oscurecidos porque en el incendio de 1671 recibieron algo
de humo.
Hace más de tres
años que 'El Calvario', propiedad del Patrimonio Nacional, fue descolgado del
Escorial para iniciar su proceso de restauración, que ha sido realizada por un
equipo dirigido por José de la
Fuente , del Museo del Prado, en estrecha colaboración con
Loreto Arranz, del Patrimonio Nacional. Ver foto.
Ello ha permitido
que, después de una azarosa vida de más de cinco siglos, podamos contemplar hoy
una obra que "emociona por su hermetismo, belleza y pasión". Tras su
exhibición en El Prado, la pintura volverá a ocupar un lugar privilegiado, como
icono de la colección de Felipe II, en un emplazamiento especial dentro de las
salas capitulares del Monasterio de El Escorial.
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